Dicen que “cuando el alumno está preparado aparece el Maestro” y solo puedo y quiero dar Gracias infinitas a mis Maestras.

Es cierto que cada uno tiene en su interior sus propias Respuestas.

Es cierto que todos tenemos en nuestro Poder infinito la llave de la Felicidad.

Pero también es cierto que muchas veces o en determinadas ocasiones no sabes hacia dónde mirar, no sabes lo que estás buscando, no entiendes lo que te ocurre, no encuentras respuestas, no sabes qué preguntas formular….. y necesitamos que alguien nos coja de la mano, nos envuelva en Amor, nos llene de aceptación y respeto hacia nosotros mismos, y nos señale el camino, nos haga de espejo, nos cuente lo que no sabemos….

Porque hay mucho ruido en el ambiente, porque hay mucho “experto” que no lo es, porque hay muchas distracciones, obligaciones, pasatiempos, que nos despistan de nuestra Felicidad y nuestro verdadero Ser.

Y nos perdemos, y queremos encontrarnos, y no sabemos dónde buscar, y probamos miles de cosas que no funcionan, y la insatisfacción deja paso a la frustración, al enojo, a la tristeza, a sobrevivir, a ir tirando,…

Es en esos momentos cuando agradeces tener cerca a verdaderas Maestras. En mi caso, dos de ellas se llaman Pilar, justo como la patrona de la tierra en la que decidí nacer, y sé que las casualidades no existen. Pero tengo la fortuna de estar rodeada de muchas más, entre ellas, desde luego, mi hija Erika.

Sé que cualquier persona puede ser tu maestro si estás dispuesta a aprender, pero a veces tiene que haber alguien que te explique cómo y qué aprender de aquello que estás viviendo.

Porque no lo sabemos todo.

Porque no podemos caminar solos.

Porque aprender y comprender el juego de la vida es necesario para disfrutar de ella en plenitud y consciencia.

Porque la vida es Maravillosa cuando la vives en compañía, de los demás, y sobre todo de ti misma.